Buenas noches queridos lectores, en esta ocasión les comparto un texto que meses atrás había escrito.
Saludos
¿Quién
llegó a casa?
Jesica
Cahuaré Arce
-Cuéntame
mamá ¿porque las estrellas son como chispitas de azúcar?,
-¿Por
qué las emociones son como colores dispersos en el alma?
Esas
eran algunas de las muchas preguntas que Samuel le hacía a Isabel, su madre, y
que tanto le sorprendían a ella.
-hijo,
cada sentimiento nos hace sentir diferentes cosas, si estamos tristes lo demostramos en los
ojos, si queremos llorar o si estamos felices se dibuja una sonrisa en nuestro
rostro, le respondía Isabel.
-Entonces,
¿los cuervos sienten tristezas hasta en las alas?,
Samuel
era como una gotita de lluvia que cubría frescamente las hojas de los árboles,
Era
la clase de niño que sentía con los ojos, y palpaba con el alma. Era como un pedacito de cielo
que se le había regalado a Isabel.
Una
tarde de abril, Samuel estaba recostado en el antiguo sofá de la abuela,
contando las manchitas de una jirafa que aparecía en la postal que le había
regalado su padre antes de marcharse.
Sonó el timbre de la casa, alguien inesperado llegaría;
papá, quien por tanto tiempo se había alejado de casa.
Samuel
vio con ojos de asombro a su madre, que al abrir la puerta, se detuvo como una lágrima
que se asoma en las ventanas del rostro.
Seguro
sería Luis, el mejor amigo de Samuel, juntos solían jugar a que eran
exploradores, grandes astronautas que llegarían a la luna y le robarían ese
polvito platita, platita que tanto les asombraba cuando se tumbaban por la
noches en el césped a contar las
estrellas.
Pero,
esa mirada, no la había visto desde el día que la imagen de
papá no volvió aparecer. Era la misma mirada, como si un almohadón de plumas se
hubiese roto en las pupilas de su madre.
Era
papá, estaba frente a ellos.
Samuel
sentía como si su corazón viajara por un tobogán, veía a su padre nuevamente.
Isabel
recordó la charla que había tenido con Samuel, acaso, ¿sentía la alegría como
el aleteo de las mariposas que se posaban en las flores de su jardín?
El padre de Samuel extendió las
manos, y de sus ojos brotaron cristalitos que para Samuel eran más valiosos que
el polvito de la luna, ese color platita, platita que tanto anhelaba, tomó las
manos de mamá y juntos se abrazaron como las alas de un ángel que cubre a las
familias de la tierra.
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